El plan que me cayó en las manos
Resumen
Cómo nació el Plan Brasileño de Inteligencia Artificial: del desafío que el presidente Lula planteó al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en marzo de 2024 a la entrega del plan, cuatro meses después, y lo que vino a continuación.
Llegué a Brasilia el 8 de marzo de 2024. La fecha se me quedó grabada por tres razones. Marcó una nueva etapa en la vida de mi familia y en la mía. Era el Día Internacional de la Mujer. Y era el día siguiente a la segunda reunión ordinaria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CCT), que el presidente Lula reactivó en su tercer mandato y que se reunió para debatir sobre inteligencia artificial. Investigadores brasileños como Virgílio Almeida y Laura Schertel Mendes pronunciaron conferencias magistrales sobre las oportunidades y los desafíos de la IA para Brasil, en presencia del presidente. Fue allí donde Lula lanzó un desafío a los miembros del CCT: presentar una propuesta de política de IA para el país.
…definir una política concreta de inteligencia artificial para este país. Y sois vosotros [el CCT] quienes tenéis que presentarla. Tenéis que empezar a poner por escrito lo que queremos hacer. […] Si tenéis la inteligencia de hacer la propuesta, yo tendré el valor de que creemos una política brasileña de inteligencia artificial.
… una Inteligencia Artificial del bien, y no una Inteligencia Artificial del mal. Una Inteligencia Artificial para ayudar a cuidar la salud, para ayudar a cuidar de los pobres, para mejorar la descarbonización del planeta Tierra, y no una Inteligencia Artificial para contar noticias falsas todos los santos días a los oídos y los ojos de miles y miles de millones de seres humanos.
Luiz Inácio Lula da Silva, en sus intervenciones ante el CCT (7 de marzo de 2024) y en la botadura del submarino Tonelero (Itaguaí, 27 de marzo de 2024). Traducción propia.

Un plan en cuatro meses
Creado en 1996, el CCT es el órgano de asesoramiento superior de la Presidencia de la República en política de ciencia y tecnología. Lo preside el presidente de la República; el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI) ejerce la secretaría ejecutiva, y el Centro de Gestión y Estudios Estratégicos (CGEE) la asesora. «Ya que llega Caetano, ponedlo al frente de este encargo», se oyó decir en Brasilia, en una conversación entre el MCTI y el CGEE. Así fue como, siguiendo el trickle-down effect, la elaboración del Plan Brasileño de Inteligencia Artificial (PBIA) me cayó en las manos.
El CGEE tenía una ventaja. Como organización al servicio del Estado, pero fuera de la administración directa, es un depósito de capacidades y competencias en temas críticos de ciencia y tecnología. Además, ya trabajaba en la evaluación y revisión de la Estrategia Brasileña de Inteligencia Artificial (EBIA), lanzada en 2021. El plazo, sin embargo, era de dos meses como mucho (!), porque el Gobierno quería presentar el plan en la 5.ª Conferencia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, prevista para mayo. El desastre climático de las inundaciones en Rio Grande do Sul aplazó la Conferencia a julio, y con ello ganamos dos meses más de trabajo.
Combinamos un trabajo de abajo arriba con otro de arriba abajo. Celebramos seis talleres con grupos distintos: el mundo académico, la sociedad civil, la industria, el Gobierno, las instituciones públicas de TI y los órganos de control. En cada uno escuchamos la visión y las demandas de ese grupo para la IA. Una estructura de ejes guiaba los debates. Al principio eran tres (infraestructura e I+D, IA en la industria, capacitación); pasaron a cuatro con el apoyo a la gobernanza y la regulación de la IA, y llegaron a cinco con la IA para la mejora del sector público.
Recibimos cientos de propuestas y aportaciones de las instituciones representadas en el CCT y las sistematizamos en una hoja de cálculo que mostraba qué se contemplaría y de qué forma. A partir de esos insumos, fuimos acotando las propuestas, agrupamos las que quedaron en programas y empezamos reuniones bilaterales con los posibles «dueños» de cada acción. La regla de corte era clara: entraba en el plan lo que tenía un presupuesto creíble y una ejecución factible. En paralelo, el CGEE profundizaba en el diagnóstico, en un proceso iterativo, para establecer dónde estábamos y adónde queríamos llegar en tres y en cinco años, con metas e indicadores de seguimiento. En total participaron 117 instituciones y unas 300 personas.
IA para el Bien de Todos
El resultado fue el PBIA, con el subtítulo «IA para el Bien de Todos». En alguna reunión llegué a sugerir el nombre BrasilIA, que no prosperó. El plan propone 54 acciones estructurantes, con una inversión prevista de 23.000 millones de reales entre 2024 y 2028, repartidos en cinco ejes. Incluye también 31 acciones de impacto inmediato, que aplican algoritmos de IA para obtener resultados a corto y medio plazo, mejorar la vida de las personas y demostrar el potencial de uso de la tecnología.
Propusimos, además, una visión de Brasil para la IA, que responde casi punto por punto a lo que el presidente pidió en marzo. Una IA para el Bien de Todos está, ante todo, centrada en el ser humano y es accesible a todos: respeta la dignidad, los derechos sociales y la diversidad cultural, regional y de los pueblos, valora el trabajo y a los trabajadores y previene la desigualdad y los sesgos discriminatorios. Se orienta a superar desafíos sociales, ambientales y económicos, aumentando el bienestar y contribuyendo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Se fundamenta en el derecho al desarrollo y en la soberanía nacional, y promueve la autonomía tecnológica y la competitividad económica. Es transparente, trazable y responsable, y garantiza la privacidad y la soberanía de los datos, la ciberseguridad, la protección del consumidor y la propiedad intelectual. Y es cooperativa a escala global, en condiciones justas y mutuamente beneficiosas, al servicio del progreso de la humanidad, la integridad de la información y la defensa de la democracia.
El PBIA se anunció oficialmente el 31 de julio de 2024, en la apertura de la 5.ª Conferencia, en Brasilia, cuando se entregó al presidente Lula.1 Formalmente, era una propuesta del CCT a la Presidencia de la República. En la práctica, surgió del trabajo dedicado de un núcleo de personas dentro del grupo de trabajo creado para liderar la elaboración del plan. Sé bien quién trabajó de madrugada en vísperas del anuncio, quién pasó el último fin de semana negociando para que el plan no muriera antes de la salida, quiénes fuimos sus autores en la sombra. Pero eso queda para otra ocasión.


El ecosistema brasileño de IA recibió muy bien el PBIA, desde las ONG y el mundo académico hasta las grandes tecnológicas, que se pusieron en contacto con nosotros para contribuir. Un analista que participó directamente en la elaboración del Marco Civil da Internet, la carta de derechos de internet de Brasil, lo resumió así: «Quiero vivir en el planeta del PBIA, y no en el del proyecto de ley de regulación de la IA» (PL 2.338/2023).
Tres horizontes para la soberanía
El PBIA sigue implantándose, quizá más despacio de lo que debería y podría. Pero avanza y se está ejecutando, algo que no puede decirse de tantos planes que acabaron en un cajón; el CGEE sigue su ejecución en pbia.cgee.org.br. Entre sus avances está la (re)definición de tres rutas tecnológicas para asegurar la soberanía brasileña en IA, entendida como poder de decisión y de negociación.2
La primera ruta responde a un horizonte inmediato, de hasta dos años, en el que adquirir capacidad de computación de alto rendimiento es prioritario, porque esperar tiene un coste: la carrera por los modelos de IA a gran escala no tolera retrasos de ese orden de magnitud. Aquí el país opera con disciplina la arquitectura dominante. En el plan es la Acción 1, la implantación de un nuevo superordenador dedicado a la IA, que el presidente Lula detalló el 20 de agosto de 2026 en Macaíba (Rio Grande do Norte), dentro de un paquete de 2.500 millones de reales.3 La máquina, de unos 7.200 petaflops y una inversión de algo más de 1.000 millones de reales, se instalará en el Parque Científico y Tecnológico Augusto Severo y la gestionará el Laboratorio Nacional de Computación Científica (LNCC). La licitación exige contrapartidas en transferencia de tecnología, investigación y desarrollo, contenido local y proveedores brasileños, además de la formación de 5.000 brasileños en cinco años.
La segunda ruta corresponde a un horizonte medio, de dos a cinco años, en el que la difusión de las tecnologías adquiridas debe traducirse en capacidad industrial efectiva y en formación de personal, con diversificación de proveedores y estándares abiertos en la capa de integración. El riesgo de captura por intereses externos es permanente si la transferencia no se conduce con claridad sobre lo que se quiere absorber. Cuando escribí el capítulo, la iniciativa para este horizonte estaba en negociación confidencial con Huawei, que apoyamos desde el CGEE, y por eso quedó fuera del texto. Se hizo pública en agosto, con el despliegue de la Acción 1: una alianza de cinco años y 1.280 millones de reales entre la Red Nacional de Enseñanza e Investigación (RNP) y las empresas chinas Huawei e iFlytek. La infraestructura de supercomputación, en Río de Janeiro, debe empezar a funcionar en julio de 2027 y se orienta a modelos en portugués, a una pila de software soberana, a la transferencia de tecnología y a la formación de 3.000 profesionales. A ella se suma la nube brasileña, objeto de un acuerdo entre el Ministerio de Gestión (MGI), la ABDI, Serpro y el BNDES.
La tercera ruta responde a un horizonte largo, de cinco años en adelante, en el que la participación en arquitecturas abiertas de hardware, como RISC-V, y el codesarrollo internacional de aceleradores se convierten en caminos plausibles hacia una autonomía parcial. En el plan es el frente de alianzas internacionales para desarrollar nodos de superordenador y aceleradores (Acción 5). El paquete de agosto le dio un primer paso concreto: chips en arquitectura abierta RISC-V, desarrollados por el Instituto Eldorado, en Campinas, en cooperación con el ecosistema de innovación de Barcelona, con 125 millones de reales del Gobierno, otro tanto que se espera del sector privado y un horizonte de 10 a 15 años.
La política tiene que operar en los tres horizontes a la vez, con instrumentos distintos en cada uno. Dejar para más adelante la decisión sobre arquitecturas abiertas de hardware equivale, en la práctica, a decidir en contra de esa posibilidad, porque la dependencia tecnológica (lock-in) se consolida antes de que madure la alternativa. Por eso la compra inmediata debe estructurarse desde el principio para preservar la fungibilidad y sembrar diferenciación arquitectónica, aun cuando una familia de aceleradores soporte la mayor parte de la carga inicial. Es esa diversificación sembrada ahora la que produce, a medio plazo, el personal formado y la capacidad de negociación que las alianzas internacionales podrán aprovechar a largo plazo. Con el paquete de agosto, el plan pasó a tener iniciativas en los tres horizontes.
He presentado el plan y su avance en varias ocasiones: en la audiencia pública de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado, en octubre de 2025; en el Simposio Internacional de Inmunobiológicos de Bio-Manguinhos y en el Diálogo Empresarial UE-Brasil sobre IA industrial, en mayo de 2026; y en el Foro RNP, en agosto de 2026 (véanse las conferencias). La conferencia de Bio-Manguinhos lee el plan a través de las capacidades y las capacitaciones y está resumida en esta nota, con las diapositivas.
Por qué escribo esto ahora
Escribo este texto ahora, pasada la segunda vuelta, por dos motivos. El primero es lo que estaba en juego en las elecciones. Las tres rutas presuponen que Brasil conserve la libertad de elegir a sus socios tecnológicos y de diversificar sus dependencias. La otra candidatura que llegó a la segunda vuelta prometía el alineamiento automático con los Estados Unidos de Donald Trump. En un mundo en el que Washington relanza la Doctrina Monroe como «Corolario Trump» y, en palabras de la ministra Luciana Santos, amenaza con «cortar el suministro a quien haga negocios con China en estas áreas más críticas»,4 el alineamiento automático habría cerrado la ruta del horizonte medio justo cuando empieza a salir del papel, y con ella parte del aprendizaje del que depende el horizonte largo. En un artículo en la CEBRI-Revista describí la elección que este mundo impone a las naciones crustáceas: alinearse con Washington o cubrirse (hedge). El PBIA apuesta por cubrirse, es decir, por diversificar dependencias, y esa apuesta estaba en las urnas.
El segundo motivo es institucional. Durante el periodo electoral, un texto como este, firmado por un director del CGEE y sobre un programa del Gobierno federal, tenía que esperar. El CGEE es una institución de Estado: asesoramos a todo y a todos, a gobiernos de cualquier orientación. A veces, sin embargo, la demanda que se nos plantea es tímida y no eleva la soberanía de Brasil en ciencia y tecnología. El PBIA fue una demanda a la altura de esa ambición. Las opiniones aquí expresadas son mías y no reflejan necesariamente las del CGEE ni las del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.
-
Véase CartaCapital, «Lula recebe de cientistas o primeiro Plano Brasileiro de Inteligência Artificial» (en portugués). ↩︎
-
Desarrollo el argumento en Penna, C. C. R., «Diplomacia da inovação no mundo crustáceo: revoluções tecnológicas e soberania digital brasileira», en E. V. Garcia e I. F. A. Germano (orgs.), Diplomacia da inovação: soberania digital e política externa brasileira (Brasilia: FUNAG, 2026; en portugués). ↩︎
-
Agência Brasil, «Brasil tendrá su propio superordenador de IA», 21 de agosto de 2026; Olhar Digital, «Brasil anuncia pacote de R$ 2,5 bilhões para IA e supercomputador no RN», 20 de agosto de 2026 (en portugués); reportaje de Folha de S.Paulo, agosto de 2026 (en portugués). ↩︎
-
Entrevista a Folha de S.Paulo, citada por Olhar Digital (nota 3). Traducción propia. ↩︎